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lunes, 20 de enero de 2014

La crisis y los viejos


Tiene la cara amarilla y las facciones hundidas como si se acabara  de levantar después de una enfermedad. Busca con los ojos  un rincón donde sentarse y arrastrando los pies por las marrones baldosas va a sentarse en una silla de plástico blanco amarillento que hay en el rincón. Respira con agobio después de dejar caer su voluminoso cuerpo sobre la silla. Mira sin ver a su alrededor. “¡Coño, Panchito, dichosos los ojos ¿dónde te has metido?”. Rumaldo levanta los ojos desde una mesa cercana, “Pero si no te había conocido, Panchito, ¡joder, cuantos días! ¿Te pusiste a régimen?. Panchito resopla y se mueve sobre la silla. De pronto, todos los que están a su alrededor se estremecen por el estrepitoso ruido. Viene corriendo el camarero que atiende las mesas. “¡Levantarle, por favor, con cuidado!”. Panchito es levantado del suelo por los que le rodean. Panchito está sano y salvo. La vieja silla de plástico ha explotado  inexplicablemente  produciendo el estrepitoso ruido que a todos ha sorprendido. Por fin, Panchito dice algo: “Estoy jodido, amigos”.  “¡Jodidos estamos todos!” se atreven a decir algunos. Panchito baja la cabeza, está a punto de llorar…¡”Por Dios, Panchito, ya te dijimos que no están los tiempo para ponerse a hacer régimen de comidas. Con la crisis actual te hubiera sobrado".

lunes, 13 de enero de 2014

Flechazo


Lo  vio a lo lejos. Contempló su silueta recortada en el horizonte y, según se iba acercando, paseó sus ojos por su espléndido cuerpo.  Fue algo fulminante; como quien acaba de contemplar una estrella errante… Su voluntad quedó prendada en sus ojos.  Al saludarle, el muchacho bajó la mirada con timidez.. Después le dedicó una leve sonrisa y, por último, le mostró unos dientes blanquísimos.

Cuando el muchacho terminó de hablar con su padre, el rey, mirándole sintió una inquietud que no supo manejar. Se quitó el manto que vestía y se lo regaló. Y le dio la espada, y su arco, y su armadura y hasta su cinturón….

Desde aquel día y hasta los últimos días de su vida, fueron inseparables. Su debilidad por el muchacho era muy conocida en palacio. Sólo ellos dos creían que era un secreto. Pero todo el mundo estaba bien enterado del asunto.

Piensan los enamorados,
piensan y no piensan bien,
piensan que nadie los mira, 
y todo el mundo los ve. 

Aquello fue imparable hasta que desembocó en un escándalo. Se veían a escondidas. Cada vez con más frecuencia y menos precauciones. Hasta que por fin el rey hizo comparecer a su hijo ante su presencia. Cuando lo tuvo delante se encendió en cólera: “¡Hijo de puta! ¡Cómo puedes deshonrar así  a tu madre! ¿Y cómo puedes decirme que tu vida depende de él, de ese plebeyo? ¿cómo puedes decirme que no puedes vivir sin él,  para tu vergüenza y la vergüenza de tu madre?”

En palacio se arreglaron las cosas para separar sus vidas. Fue tal la persecución que el rey  le hizo al muchacho, que se vio obligado a huir y a tirarse al monte. Y el hijo del rey tuvo que acompañar a su padre en todas sus batallas.

  En una de estas batallas quedó muy mal herido y murió. Cuando se lo comunicaron al montaraz amante, volvió a  él su  vena poética de antaño y le escribió esta elegía:

“¡Cómo cayeron los héroes 
en medio del combate!
¡Jonatán!, en tu muerte
he quedado sin consuelo;
estoy angustiado por ti, 
hermano mío, Jonatán,
amigo queridísimo;
tu amor era para mi más dulce
que el amor de mujeres.
¡Cómo han caído los héroes,
cómo han perecido
Las armas de combate!”

 Esta es una historia de amor que está  relatada en la Biblia, con muchos datos y poca ambigüedad. Es una historia políticamente  incorrecta, y para el pueblo judío, creo yo, anatema.

domingo, 5 de enero de 2014

numen


Estrella de Belén
Que haces magos a quienes te miran.
Magos adorando al Rey de los judíos.
Pasas sin verme.
Te miro y no me notas…

Yo te busco y no me sientes.
En mi ventana no alumbras…
Solo queda el eco de tu risa.
Te distorsionas.
Te evaporas…

Como arco iris en un cerrar de ojos
Vas y vienes.
Cual ráfaga de viento
No te detienes.